Frutales de pepita y de hueso
Pepita: manzano, peral, membrillo
Aguantan bien la poda de invierno. Dan fruta en ramas cortas de dos o más años, así que no se recortan todas las puntas: se aclara la copa y se renuevan las ramas agotadas.
Hueso: cerezo, ciruelo, melocotonero, albaricoquero
Se podan poco y con cortes pequeños. El cerezo, además, suelta goma por las heridas grandes.
Higuera, cítricos y otros
La higuera se poda en invierno y admite recortes fuertes. Los cítricos, como el limonero o el naranjo en maceta grande o en patio, se podan al final del invierno, pasadas las heladas, y solo lo justo.
Cuándo podar los frutales
La poda principal se hace en invierno, con el árbol en reposo y sin hoja. Es la regla general que fijan las ordenanzas de arbolado de la zona: la de Las Rozas marca como época orientativa del 15 de noviembre al 15 de marzo y prohíbe podar en la brotación y en la caída de la hoja. Dentro de ese margen, cada frutal tiene su momento, y te lo decimos al ver el árbol. En verano solo se quitan chupones y ramas secas.
Para el resto de árboles del jardín, el calendario completo está en la guía cuándo podar los árboles.
Qué hacemos al podar un frutal
- Quitamos la madera seca, enferma o cruzada. Es lo primero y lo que más mejora la sanidad del árbol.
- Abrimos la copa. Para que entre luz a toda la fruta y el aire seque las hojas después de llover.
- Bajamos la altura. Para que la fruta se pueda coger desde el suelo o con una escalera corta.
- Renovamos las ramas agotadas. En árboles viejos, poco a poco y en varios inviernos.
Frutales en fincas y jardines del noroeste
En las fincas de la sierra y en los jardines grandes del noroeste es habitual encontrar frutales viejos de la casa anterior, que llevan años sin podar y se han llenado de ramas secas. Una poda de rejuvenecimiento repartida en dos o tres inviernos los recupera y vuelven a dar fruta.